Por qué flotan los marimos (y por qué es normal que no lo haga)

La primera vez que vi un marimo flotar, me quedé mirándolo más tiempo del que reconocería en voz alta.

Marimo con grava blanca — Slow Botanics

Llevaba semanas trabajando con ellos. Los había sacado del agua, los había vuelto a meter, había observado cómo crecían despacio, cómo cambiaban de posición en el bote sin que yo los tocara. Pero ese día lo puse muy cerca de la ventana, y de repente, sin avisar, el marimo simplemente... subió.

Flotaba.

No de forma dramática. No como un globo. Sino con esa calma característica suya: un ascenso lento, casi deliberado, como si hubiera decidido que era el momento.

Desde entonces llevo un buen rato intentando entender qué ocurre exactamente cuando un marimo flota. Y lo que he encontrado me parece, honestamente, una de las cosas más bonitas que tiene este ser vivo.


Lo que pasa por dentro cuando flota

Aquí está el truco.

Durante la fotosíntesis, el marimo produce oxígeno. Pero no lo libera al agua inmediatamente, como harías tú al exhalar. Lo que ocurre es que esas pequeñas burbujas de oxígeno quedan atrapadas entre los filamentos que lo forman. Se acumulan en el interior, entre los huecos de esa estructura densa y esponjosa.

Y cuando hay suficientes burbujas acumuladas, la densidad total de la bola disminuye. Menos densa que el agua. El resultado: sube.

Por la noche, o cuando la luz desaparece, el proceso se detiene. El marimo consume el oxígeno restante en su respiración celular. Las burbujas se disuelven. La densidad vuelve a aumentar. Y el marimo desciende de nuevo al fondo.

Sube de día, baja de noche. Solo con la luz. Sin que nadie lo mueva.

El estudio que lo demostró

En 2018, investigadores de la Universidad de Bristol publicaron un estudio que confirmó algo que muchos intuíamos pero nadie había medido bien: los marimos tienen un ritmo circadiano propio.

Observaron que los marimos en condiciones de luz natural flotaban sistemáticamente durante el día y se hundían al caer la noche, de forma repetida y predecible. No era aleatorio. No dependía del tamaño ni de la edad del alga. Era un ciclo biológico vinculado a la fotosíntesis y a la cantidad de luz disponible.

Lo que me parece fascinante de este estudio no es solo el dato técnico —que ya es notable— sino lo que implica: que este ser que no tiene sistema nervioso, que no tiene ojos, que no tiene nada de lo que asociamos con "percibir el entorno", es capaz de responder al ciclo del día y la noche de forma tan precisa como cualquier organismo más complejo.

El marimo no ve la luz. La vive.

Por qué el tuyo probablemente no flota (y está bien)

Aquí viene la parte que más me importa decirte, porque es lo que más me preguntan.

La mayoría de los marimos no flotan en casa. Y eso no significa que estén enfermos. No significa que les falte algo. No significa que hayas hecho algo mal.

Los marimos de interior tienen mucho menos acceso a luz intensa —sin que les dé el sol directo— que los que están en un lago. La fotosíntesis en casa es más lenta, más discreta. Las burbujas de oxígeno se producen, pero no siempre en la cantidad suficiente como para que la bola ascienda.

La posición natural del marimo es el fondo. Ahí es donde pasa la mayor parte de su vida. Flotar es, en cierto modo, el momento extraordinario. La excepción luminosa. Y el hecho de que no lo veas flotar cada día no dice nada malo sobre tu marimo.

💡 ¿Quieres intentar que flote?

Ponlo cerca de una ventana con luz indirecta durante unas horas. Si está sano y recibe suficiente luz, en algún momento lo verás subir. Quizás no hoy. Quizás no esta semana. Pero cuando ocurra, será exactamente como lo describo: sin avisar, con calma, como si hubiera decidido que era el momento.


El truco del agua con gas

Hay algo que puedes hacer si quieres ver a tu marimo flotar de inmediato, o si simplemente tienes curiosidad por experimentar.

Ponlo en agua con gas.

Las burbujas de dióxido de carbono del agua carbonatada se adhieren a los filamentos del marimo y quedan atrapadas en su estructura, igual que lo hacen las burbujas de oxígeno durante la fotosíntesis. El resultado es el mismo: la densidad baja, el marimo sube.

No es trampa. Es simplemente imitar con química lo que la luz hace de forma natural.


Lo que me enseñó verlo flotar

Hay algo que he pensado mucho desde aquella primera vez que vi subir al marimo sin que yo hiciera nada.

Nosotros tendemos a medir la salud de una planta por lo que hace, por lo que produce, por lo que muestra. Si no crece, si no florece, si no hace algo visible, concluimos que algo va mal.

Pero el marimo me recordó que hay formas de estar bien que son silenciosas. Que flotar no es el estado por defecto, sino el resultado de haber acumulado suficiente. Y que pasar la mayor parte del tiempo en el fondo, tranquilo, sin llamar la atención, también es una forma completamente válida de vivir.

Quizás eso es lo que más me gusta de tenerlo cerca.

Si quieres tener un marimo en casa, en Slow Botanics los cuido y preparo de una forma única para que descubrirlos sea toda una experiencia (además incluyen una guía de cuidados y de su significado).

Ver los kits marimo →
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